Entradas

Mostrando las entradas etiquetadas como Mentiras

Secretos de familia (cuento decembrino)

Imagen
Que sea tu cruel adios, mi navidad José Alfredo Jiménez Por Iván Farías Colgado de dos postes, sobre una esquina abandonada, hay un letrero con el sello del gobierno delegacional que te pide no tirar basura escrito en español y en chino mandarín, seguido de las penas por hacerlo. La advertencia no sirve de nada porque día a día se acumulan las bolsas con desperdicios hasta desbordarse. El líquido dorado, apestoso, de los desechos orgánicos, se esparce por la banqueta y gotea incesante hacia el asfalto.             Yo trabajaba a unos 20 metros de ahí, en una tienda que se llama Kuàilè lóng, “El dragón feliz”, una especie de minisuper que debe ser muy común en China, pero que en la ciudad era una especie de oasis para que los asiáticos vinieran a comprar arroz, algas y demás cosas que no eran tan fáciles de encontrar en una tienda normal. El auténtico barrio chino de la ciudad queda a la vuelta del metro Viaduct...

Guerra en el subterráneo.

Imagen
Metro Tacubaya, línea café, viernes ocho de la noche. La estación está a reventar. Cada viernes hago ese recorrido y esta cantidad de gente es anormal. La multitud comienza apenas uno baja de la escalera eléctrica. Me dice uno de los vendedores ambulantes que los convoyes se han tardado más de lo normal. El resultado de esto es que la estación está llena en dirección a Pantitlán. Los vagones arriban ya con normalidad pero tal cantidad de gente es imposible de desaparecer en poco tiempo. El aire comienza a enrarecerse y los empujones a crecer. Cada vez que un “metro” se acerca la gente se apelotona buscando las entradas. Las mujeres son las que más sufren, más las pequeñas que muchas veces son arrastradas por la multitud. Los hombres no ceden ni un poco de espacio. Están cansados y lo que quieren es llegar a su casa lo más pronto posible. En ese momento no hay galanteos o un poco de consciencia por el resto de los usuarios. El que es más fuerte llega más rápido a la puerta y se apo...

Un chango de Malasia

Imagen
—Señor presidente, le dijo el hombre con la voz trémula y el nerviosismo desbordado el teléfono. —¿Atraparon al Chapo? –preguntó el presidente poniéndose las gafas y sentándose en la cama quitándose la modorra de la media noche. Su esposa soltaba baba sobre la almohada y murmuraba algo. —No señor. Tenemos un problema. —Ay no, por favor no. Ahora qué, ¿una inundación?, ¿un terremoto?, ¿explotó otra plataforma petrolera? Nos declaró la guerra Argentina, ¿verdad? Dígale que era broma, que nunca dije que su presidenta estaba loca. —No señor. Si es algo con otro país pero no con Argentina. Si no actuamos rápido podemos tener problemas con España. —¡Mi madre! Exclamó el presidente y sintió un vahído que lo tumbó de nuevo a la cama. —Señor, señor, se oía que decía su asesor de gabinete desde el teléfono. La primera dama se despertó, tomó el auricular y oyó los gritos desesperados. —Mi amor te hablan, dijo poniendo el aparato en la cabeza de su marido. El presidente cambi...

La casa verde

Imagen
La casa se veía a lo lejos. En un barrio como aquel, caído en desgracia, una casa de dos pisos rodeada de jardín, con un ático enorme y pintada de un verde descascarado llamaba mucho la atención. La gente la veía a lo lejos y se imaginaba cosas. Algún tiempo perteneció a una familia rica y de abolengo que se remontaba a más de cinco generaciones. Nadie de los vecinos los conoció nunca. Se contaban historias de ella. Que si estaba intestada y los herederos se peleaban desde hace décadas; que si los dueños se habían vuelto locos y ahora sólo salían por la noche; que se oían risas en la noche y se celebraban misas satánicas.             Uno de los rumores más comunes es que ahí vieron unos europeos (la gente cambiaba la nacionalidad de ingleses a franceses, de españoles a italianos) que vivían una vida de lujos. Que dentro escondían joyas, collares enormes de oro y objetos tallados que representaban una enorme fortuna para cualqui...

Cruz diablo

Imagen
Dos que se quieren se dicen cualquier cosa El indio Solari Me gustaba su culo argentino, por eso me acerqué a ella. Disfrutaba verla desnuda en mi cama fingiendo que dormía. Mi mundo se ceñía a ella, a verla, a rendirle adoración al templo del culo perfecto. Nuestro encuentro no fue nada semejante a una aparición fantasmal o un rayo de luz que caía del cielo para avisarme que aquella mujer era para mí. Simplemente, en un momento de la reunión ella estaba en la mesa buscando una cerveza y la vi ahí, con el pantalón apretado y su cabello lacio, del cual se enorgullecía. Pero no recuerdo si con una remera de greenpace .                     Cómo acabamos bebiendo en una banca de una botella de tinto no tengo la menor idea. Lo que recuerdo es que le canté una canción de Los redondos, Cruz Diablo, la única que me sabía completa, porque no me creía que me gustaban. Entonces, aquel pantalón ...