La pesada lápida de la tradición

Hace algunos días fui invitado a presentar mi libro “De ida y vuelta” a un tecnológico. Luego del evento platicamos un unas amigas, historiador y yo. En un momento dado dije la palabra pisca y el historiador –un señor canoso y muy propio- me detuvo en seco. Me explico que no podía permitirme continuar mi plática porque había cometido un error garrafal. Se decía “pishca” y no pisca. Porque el termino nahua correcto era con X. Que en ningún diccionario vendría eso, pero que sus años de estudiar náhuatl así se lo decían. Ahí comenzó el calvario donde el peso de la tradición “nahuatlata” constantemente corregía o reposicionaba momentos históricos y formas de pensamiento. (“No se dice Tlaloc, se dice Tlaloctli, porque es un barbarismo español…”) El nacionalismo es en si mismo una posición machista, porque no permite disentir, evolucionar, dejar el pasado para poder continuar con el futuro. No se voltea al pasado para verse, para encontrarse, sino para cargar una pesada lápida que reduce la...