Miedo al futuro

El hombre aparece detrás de la pantalla para saludar al cine abarrotado. Su rostro tiene una enorme sonrisa y entre caravanas, agradece a todos su asistencia. Es un héroe a la Douglas Fairbanks, un Zorro, pero también un Fantomas. El mundo es de oropel y la gente es feliz. Todos visten de traje y las calles son limpias. Las injusticias se resuelven con un poco de ingenio y la dama joven, recompensa al héroe al final con un beso. Es un beso mustio, huelga decir. El sexo casi es anecdótico, invisible. No hay erotismo y tampoco hay diversidad. No hay más que hombres y mujeres, niños y ancianos. Las cosas se arreglan al final de la película. Así pasa en “El artista”, en “La invención de Hugo Cabret”, “The Help” y en “Rango”, las ganadoras de la noche de los Oscar. En ellas todo tiempo pasado fue mejor: los años veinte, los cuarenta, los sesenta y hasta los setenta. Todos menos los ochenta, donde la dama de hierro, Margaret Tacher, hacía migas con Ronald Reagan y...