miércoles, 29 de febrero de 2012

Miedo al futuro

El hombre aparece detrás de la pantalla para saludar al cine abarrotado. Su rostro tiene una enorme sonrisa y entre caravanas, agradece a todos su asistencia. Es un héroe a la Douglas Fairbanks, un Zorro, pero también un Fantomas. El mundo es de oropel y la gente es feliz. Todos visten de traje y las calles son limpias. Las injusticias se resuelven con un poco de ingenio y la dama joven, recompensa al héroe al final con un beso.

Es un beso mustio, huelga decir. El sexo casi es anecdótico, invisible. No hay erotismo y tampoco hay diversidad. No hay más que hombres y mujeres, niños y ancianos. Las cosas se arreglan al final de la película. Así pasa en “El artista”, en “La invención de Hugo Cabret”, “The Help” y en “Rango”, las ganadoras de la noche de los Oscar.

En ellas todo tiempo pasado fue mejor: los años veinte, los cuarenta, los sesenta y hasta los setenta. Todos menos los ochenta, donde la dama de hierro, Margaret Tacher, hacía migas con Ronald Reagan y mandan a joder al mundo. Cada una de esas etapas tenía magia, cada una escondía inocencia. “El artista” y “The Help” están filmadas con los recursos simples de una película: Actores, cámara y director. No hay grandes efectos especiales.

“Hugo Cabret” y “Rango” hacen uso de la tecnología, pero para contar una historia humana, entrañable. No se dejan llevar por la tecnología, como es el caso de los grandes blockbusters del verano. Taquillazos que llenan de explosiones, grandes escenas de acción, sexo y violencia para tapar los hoyos en el guión.

Las cuatro películas ganadoras abrevan cada una de sus fuentes de inspiración y recurren a la nostalgia como único remedio ante el futuro incierto al que nos enfrentamos. Evocan a sus maestros: Fritz Lang, Sergio Leone, Capra y tratan, por medio de ellos, de incitarnos a volver.

El cine se ha convertido en el universo donde cabemos todos, donde podemos refugiarnos del cambio climático, de la resaca de la primavera árabe, del narcotráfico, y de la inacabable crisis mundial. Tal vez y sólo tal vez si todos bailáramos tap…

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