Honorarios

James Ellroy cuenta en “Mis rincones oscuros” que con el dinero que obtuvo de su segunda novela pudo comprar una casa en Connecticut, “similar a las que allanaba cuando era joven”. Me encontré con esa declaración mientras viajaba en el metro y me comencé a reír. No sé cuántos escritores de México, incluso de Latinoamérica, podrían decir eso. No conozco a un solo narrador nacional que pudiera dejar todo de lado y dedicarse a vivir únicamente de la venta de sus libros. La mayoría hacen cientos de cosas para poder allegarse el dinero necesario para la renta y llenar el refrigerador. Hacen talleres, dictaminan premios, cobran en alguna institución gubernamental, son maestros, periodistas, funcionarios, becarios permanentes de sus padres (o parejas) o de plano se dedican a otras cosas: son dentistas, ingenieros, cocineros, taxistas o vendedores. Recuerd...