Mi amigo Hank (cuento de terror)

En homenaje a Crevenna La mujer salió al escenario precedida de una andanada de aplausos. Llevaba unas zapatillas doradas y un tocado de plumas enorme. Parecía imposible que pudiera llevar el ritmo de los tambores de aquellos cubanos, compatriotas suyos, que marcaban un ritmo feroz, casi de trance. En medio del acto Alfredo hizo su aparición. Sombrero Stetson verde hoja, saco del mismo color y pantalones negros. Parecía un perico con las patas oscuras. Llevaba pegado al labio un pedazo de cigarro que sacaba humo, pero no fumaba. Tenía ojeras en los ojos y la mirada perdida. Nunca había entrado a ese cabaret y no parecía que fuera muy seguro. Buscó con la mirada una mesa, pero todas estaban ocupadas. El maitre se le acercó para decirle al oído que podía sentarse en la barra. La mayoría de los que estaban ahí eran cinturitas de medio pelo, ...