Inhalantes para el alma
Habitante de una de las colonias con más criminalidad, la Agrícola Oriental, el rock urbano y el metal eran moneda corriente en mi ideario musical. Por absurdo que parezca, fue a mi llegada en mi adolescencia a Tlaxcala –esa mini urbe- que supe de otras manifestaciones musicales de la mano de un compa muy activo en el arte correo y el intercambio musical con gente de todo el mundo. Mi amigo, que para fines prácticos se llama Mark Panzacola, hacía esténcil y se carteaba con gente de España, Estados Unidos, Sudamérica y claro, la mítica Tijuana. Debido a esto escuchábamos mucha música electrónica y rock pop en español casi todo el tiempo. Su casa, alejada de la capital de estado, era como un refugio para los que buscábamos nuevos sonidos. Un día encontré entre sus discos apilados aquí y allá uno que había visto en muchas revistas. Su nombre era Nevermind y el grupo se hacía llamar Nirvana. Me burlé del título porque un nombre con connotaciones religiosas hinduistas y con aquella porta...