sábado, 15 de febrero de 2014

Sátira Martreana


Si hay una novela maldita en la literatura mexicana es sin duda “Los símbolos transparentes”; la obra más ambiciosa de Gonzalo Martré. En ella hace uso de la sátira y de las claves de la novela policiaca para hacer un retrato de la decadencia del régimen priista luego del llamado “milagro mexicano”. La primera parte es narrada desde las sombras de un pantagruélico banquete en el que se entrecruzan distintas historias, lo mismo el auge de un corrupto funcionario otrora líder marxista y popular, que las tristezas y decepciones de tres personajes venidos a menos.
           En la trama van apareciendo, a manera de enorme polifonía, lo mismo agentes de la CIA, que del FBI, líderes guerrilleros, ofuscados estudiantes que apenas si alcanzan a distinguir muy bien hacia dónde ir políticamente, que soldados engañados, reporteros en busca de su chayote e incluso el propio presidente y su tapado, todo inundado de una prosa clara, perfectamente construida, con el barroquismo y culteranismo del que hace gala el narrador.
Martré escribía guiones para la historieta “Fantomas, la amenaza elegante”, editada por Novaro, así que cuando su empresa decidió convocar para el segundo “Concurso de Novela México” fue natural que enviara el enorme libro que acaba de terminar (“Los símbolos transparentes”) en el año de 1973. El narrador la entregó para participar, en 1974, pero desde un principio todo fue a mal. La novela hacía referencias veladas a personajes de la policía y la prensa y debido a eso, a que incomodaba al régimen, a que tocaba al muy reciente evento de Tlatelolco en el 68 mexicano, Novaro y posteriormente Grijalbo escamotearon su publicación. Posteriormente fue sacada a la luz pero siempre en editoriales marginales que desaparecían al poco tiempo.
En esta nueva (y al parecer) definitiva edición Alfaguara decide hacer de ella algo memorable; para empezar limpia de erratas el texto, incluye las últimas revisiones de Martré y agrega un enorme postfacio de Carlos Gómez Carro, quien sin duda es el hombre que más conoce la obra del escritor hidalguense. El texto de Gómez Carro viene a darnos claridad en cuanto al contexto en el que se desarrolla la novela con una ardua investigación que incluye críticas de la época y declaraciones de muchos de los involucrados.

“Los símbolos transparentes” (en alusión a Postdata, de Octavio Paz), es una novela que por su envergadura debería estar entre las mejores de la literatura nacional. Tal vez con esta nueva edición deje de su estela de autor maldito y se convierta en referencia.

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