martes, 20 de septiembre de 2011

Noticias sobre Vietnam

O del Facebook, el twiter, el blog y las impresoras hp

Recuerdo cuando comencé a leer, solo había un monolítico bloque de escritores que eran los reconocidos y venerados por todos. Esos mismos que utilizan sacos de pana como el profesor sustituto Bersgtrom, que salían en los noticieros del 11 y el 22 y que tenían doctorados en prestigiosas universidades. Justo debajo, en el pozo de la ignominia, estaban todos aquellos disidentes que hacían policiaco, ciencia ficción o hablaban del sexo sin problemas. Entonces comencé a leer con fruición a estos consagrados, pero en verdad, varios de sus libros se me caían a los pocos capítulos. Ya sea por lo pesados o por lo absurdo de sus planteamientos.

(Insisto, cualquiera que haya leído “La cabeza de la Hidra” de Fuentes puede percatarse que la historia es inverosímil y los diálogos acartonados a decir basta.)

Pero para eso existían las revistas, que en ese momento llamábamos alternativas, para podernos retacar de otro tipo de literatura (y claro el Sábado del Uno más uno, el original, no la basura que actualmente nos recetan). En aquel tiempo armar una revista llámese Moho, Nitro Press, La Pus moderna, El gallito comix, El Fakhir, Cha 3, Complot, La Taladro, era una verdadera odisea. Había que pelear con el costo del offset y se diagramaba en papel. La Ciudad de México era la meca a donde deberíamos de viajar para hacernos con ellas. Los otros, que vivían más lejos, a más de tres o cuatro horas del DF respiraban con el poco oxigeno que les llegaba. No podían leer las colaboraciones de los Fadanellis, los Yeyhas, los Villareal, los Servines y demás escritores no alineados.

Entonces llegaron las páginas web, no aquellos terrenos que con ilusión adquirimos en Geocities de Yahoo, sino los nuevos, los que utilizan flash y son papitas para ir subiendo cosas. Esos espacios que Blogger nos ofrecía para poder subir textos cada vez que el teclado lo requiriera. Ahí fue donde la verticalidad se rompió. Cualquiera podía escribir y publicar su pensar en la red sin intermediarios. Entonces, las noticias sobre el frente en Vietnam comenzaron a llegar sin problema.Ya no había que comprar el periódico para saber que era lo que circulaba, las novedades, los narradores que podían interesar (lo siento compañeros poetas, pero soy muy perezoso para buscar a sus colegas), porque un mundo nuevo se iba creando poco a poco. Ya no tenías que perseguir ese oscuro fanzine (el “Quiero con el cerdo”, por poner un ejemplo) para encontrar a un compañero de armas que disfrutaba del realismo sucio o que recomendaba alguna novela de Mailler o la Biblia de Neón.

Los blogs personales o colectivos, las fenecidas listas de correos como aquella que creara Oscar A. García, hicieron que se quebraran para siempre ciertos cotos de poder. Los medios monolíticos se desquebrajaron para mostrarse como lo que son, conglomerados de personas con diferentes puntos de vista. En la mencionada lista de correos Atciber, así se llamaba y si no, corríjanme, recuerdo en especial una discusión entre Rafa Saavedra y Lauro Zavala. Uno, escritor apenas en vías de convertirse en de culto y el otro un investigador laureado y reconocido por la academia. Eso no hubiera sido posible en un medio tradicional donde el romántico correo postal hubiera impedido la inmediatez y el editor evitado dar a luz las argumentaciones de Rafa.

La red nos enseñó que chabacano es nuestro periodismo. A un clik de distancia pudimos leer los artículos y reportajes de El País; que ya llegaba en algunos sitios. (A Tlaxcala siguen llegando solo tres ejemplares y hay que peleárselos con la misma cantidad de viejitos franquistas que tiene un orgasmo leyendo las declaraciones de Rajoy). Pero también pudimos acércanos a Página 12 en Argentina y leer a Fresan, a Jorge Lanata, a Juan Sasturain y Jorge Aulucino, que no tiene empacho en escribir sobre historietas y novela negra y tratarlas como lo que son, obras literarias. O tener la versión en PDF del Malpensante de Colombia. Y aquellos bilingües revisar los artículos del NY Times o el Paris Review.

Cuando la conectividad de las redes sociales llegó en estos dosmiles, el correo electrónico y el messenger ya se antojan un tanto arcaicos. El facebook y el twitter han creado un mundo diferente en pocos años. Reacios, muchos de mis compañeros de la vieja escuela, se han visto obligados a integrarse al ingenio creado por la CIA, los Magios y el consejo de Sion, para apoderase del mundo. Es decir, han abierto un perfil en facebook y se han renombrado como @pitoperez o alguna otra cosa en twiter. No estar en línea dificulta mucho la velocidad de las comunicaciones actuales. El negarse a tener un perfil reduce la capacidad de respuesta organizativa de eventos que ven su simiente en un “in box”, en un grupo o en un evento. Y me parece loable que haya gente que persista en sus asegunes con respecto a estas redes sociales. Me parece hasta consecuente si eres el unabomber, pero si lo que quieres es promover tu libro, tu revista o vender tu obra, entonces creo que estás un poco equivocado.

En lo personal el twiter se me hace muy adictivo y como solo tenemos derecho a tres vicios, no lo he integrado a mi dieta, aunque sigo a varios escritores. El facebook lo veo como una forma de realimentación con los lectores. A mí me gusta tener lectores, no sé mis demás compañeros, pero me agrada que los lugares a donde leo después la gente me comenté que le pareció. Entonces, trato de mantener mi perfil con cosas que me parecen interesantes y no sola la penosa autopromoción.

Lo que no está en la red no existe; si no hay video, sonido o fotos, el evento pasa desapercibido. Los nazis y Stalin nos enseñaron tantas cosas. Gracias al facebook he podio platicar con la gente que he leído y me ha gustado o seguir con amistades en diferentes lados. Desde Tijuana, pasando por Hermosillo, Querétaro y hasta Mérida. O extraterrenas como Barcelona y Córdoba, en Argentina. En mi facebook oculto aquellos ardorosos noviecitos que se dicen que se aman cada cinco minutos, a los que postean cosas religiosas y a los violentos, de plano, los borro. No desamigo muchos, por razones logísticas.

Una amiga promueve con verdadera emoción a su esposo escritor. Creo un perfil para vender los libros de su pareja y algunos amigos más. Ha sido un éxito total. Los libros que estarían embodegados en la secretaria de cultura del estado de México han llegado hasta Sudamérica. Uno de sus cuentos lo está filmando un estudiante de Buenos Aires. Mi compa, huelga decirlo, se puso gordo como guajolote de puro orgullo.

Se que el tiempo se acorta, así que seré breve, solo un par de puntos más. La impresión digital también facilito y democratizo la publicación. Los fanzines impresos en la HP a blanco y negro se convierten en verdaderas revistas. Pequeñas editoriales comenzaron a surgir para ofrecer tirajes de 100 ejemplares. En nuestro país la autopublicación o vanity press como le dicen los gringos, todavía es mal vista. Queremos seguir siendo apadrinados por un poder superior que nos haga valer. Sin embargo, cientos de pequeños empresarios-escritores ven en la autopublicación la manera de llegar a mercados sectorizados. Un caso claro es Carlos Camaleón que tiene muy bien ubicados a sus lectores y que tal vez tirajes grandes serían una pérdida de dinero. Mauricio Matamoros tiene un libro sobe las adaptaciones al comic de Lovecraft, que se ha vendido bien, pero en tirajes de 100 o 200, porque el tema es poco masivo.

Editoriales virtuales, como Anagma también han saltado a la palestra y venden libros para diferentes soportes. Y les dan batalla a gigantes como Planeta.

Hay gente que se emociona, que piensa que los medios electrónicos, la multimedia cambiaran la forma de contar. No lo creo así. La literatura de twiter es solo un cuento breve, las notas en facebook son cuentos cortos y las novelas con hipervínculos ya las había hecho Cortazar en Rayuela. En la poesía me declaro un ignoto. Tengo un cuento que está armado con una serie de correos electrónicos que van contando la historia. Me han dicho de él que es muy moderno eso de utilizar el e-mail para contar algo, pero les respondo que también Drácula está hecho de cartas y notas de diario. Así que no es nada nuevo.La tecnología no sirve para contar mejor o de otra forma, sirve para romper la verticalidad y tener noticas sobre otros frentes que antes no teníamos contemplados.
Vietnam, Tlaxcala, 2 de septiembre de 2011
Ponencia leía en el XI encuentro de escritores de Tierra Adentro

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