miércoles, 7 de diciembre de 2011

Efímera de Miguel Antonio Lupián Soto


El relato corto es muy difícil de vender, a las editoriales el cuento les parece poco comercial, poco manejable. Lo que es una ironía, porque en los suplementos culturales de todo el país es lo que te piden. Ya no se diga en las revistas que publican algo literario, como Playboy, Luvina y algunas más. Lo que se vuelve más tortuoso es que entre más breve mejor. Entonces comienzas haciendo cuento y debes terminar de novelista si quieres salir del ring protegido de las editoriales estatales. Porque se supone que el cuento no es un género en sí, sino simplemente un adiestramiento para ahora si ser escritor. Por eso, además de la inteligencia, el trabajo de relojero con las palabras, es valeroso quien hace relato y mucho más el que hace breves.
Eso ya le da un plus al libro de Lupián Soto, pero tiene más agravantes. Es fantástico y algunos se inscriben en la etiqueta del terror, lo cual lo convierte en un paria, porque los escritores “serios” no hacen eso. Pero el autor lo hace bien. Efímera es un universo en sí mismo, un mundo que tiene algunas zonas de contacto con la literatura gótica clásica (el caso de Clarimonda) y desde la breve ficha curricular, con el omnipresente Lovecraft. Pero también tiene en común y mucho, con los escritores tangenciales mexicanos, como Francisco Tario (tan llevado y traído en estos días cuando antes nadie se acordaba de él) y Amparo Dávila.
Como otros escritores de su generación, el cine es materia prima de su literatura. Lo cual se refleja, no en una narración cinematográfica, sino en que los escenarios mostrados nos recuerdan a sitios en donde hemos estados desde una butaca de cine. Como ejemplo, dos títulos: “Empresa Transnacional solicita” y “El blues del zorro”. Este último recuerda a las irreverentes caricaturas de los treinta y cuarenta.
Lupián crea minificciones ácidas, burlonas, como las de “Boda química”, donde el matrimonio y el amor son pasados a cuchillo. Por cierto, humor que no menudea en el resto de las narraciones.
Cuando menos tres cuentos son propicios para antologarse por su contundencia: “La Gotera” cruel, preciso, “El ladrón de fotografías” kafkiano y “Primera entrada al diario de un ciego”, que me recordó veladamente a Borges.
Lo malo del libro es su distribución, a pesar de la cuidada labor del editor y del propio escritor el libro encontrara problemas para estar en librerías al tratarse de una editorial pequeña (Samsara). Pero Efímera buscará a sus lectores.

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