jueves, 15 de diciembre de 2011

Provocaré un diluvio de Arturo J. Flores


Uno de los principales problemas que le encuentran a “Provocaré un diluvio” los entendidos en literatura es saber si es crónica, novela o cuento. “Es que no se define”, me dijo a bocajarro un colega escritor. ¿Y cuál es el problema?, me respondí. Provocaré… es un libro que reúne las crónicas diarias (o cuando menos muy cercanas al día de los hechos), al surgimiento y posterior auge de un grupo de metal integrado por mujeres. La relación entre su manager-cronista y las chicas inicia de una frase casi inocente: “Ya vuélvete nuestro mánager, cabrón.”
De ahí surgen una serie de híbridos literarios que tocan lo mismo el cuento, la crónica, la novela, que la nota periodística y la simple entrada al blog, es decir, la escritura automática. Arturo J. Flores, curtido en las páginas de las revistas musicales, es un escritor atípico, porque si bien ha asistido a diferentes talleres literarios, no se ha formado como tal. Lo cual es para mí un punto a su favor, ya que abre nuevas posibilidades alejadas del canon. Flores no se detiene a pensar si lo que hace está quebrando leyes, si es socialmente responsable, si hablar de heavy metal es vendible (¡dios mío!, demodé, eso fue de los ochentas), si su relato de un grupo de “casi famosas” podría tener un público, si le gustaría a los críticos del Reforma, Jornada o Milenio.
Flores simplemente se deja llevar por el fragor de las tocadas en lugares alejados de la periferia y nos brinda desde el punto de vista del conocedor, o sea él, los datos suficientes para comprender por qué tal evento o situación es de relevancia y nos muestra, a los ignotos, que la Ciudad de México alberga un mundo metalero con sus propios signos, templos y feligreses.
Arturo J. Flores crea personajes entrañables, tridimensionales, basados en la realidad, es cierto, pero novelizados. Flores sabe fijarse en el detalle, sabe encontrar la fraternidad en un gremio que supuestamente está basado en el odio. Sabe desnudar a sus protagonistas y mostrarlas como seres humanos y no como las caricaturas que se convirtieron los mismos dioses sagrados del metal. Sabe encontrar la anécdota que humaniza, desde el roquero provincia que muere a costa de su pequeña fama, hasta la fan que persigue a Iron Maiden por el mundo.
Uno de los problemas que le encuentro al libro es que parece ser que no ató todos los hilos y algunos hechos o ideas se reiteran. O simplemente quiso dejarlo tal cual fue saliendo, respetando el mood del momento.

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