miércoles, 25 de julio de 2012

Un poco de caos

En el The New York Times de enero de 2008, Jack Nicholson declaró que le había advertido a Heath Ledger sobre lo peligroso que era interpretar al Joker. De forma críptica, explicó que él había tenido que utilizar antidepresivos y terapia para salir del papel. “Bueno, se lo advertí”, dijo con su cara cínica sin mostrar un poco de compasión por el compañero caído.
Ledger había sido un actor que había obtenido algunos roles interesantes, incluso algunos francamente inocuos que él había sabido elevar, como sucedió con Corazón de Caballero. Su consagración vino con el papel de Joker en la película (ahora de culto) Dark Knight. Su interpretación era magistral y a pesar de que el fandom había dudado de su capacidad para representar al Príncipe payaso del crimen, se ganó a todos.
Tal parece que la encarnación de Heath Ledger afectó a más de uno. Batman encarna la política liberal de Estados Unidos: cree en la democracia, en el sistema de justicia y en las instituciones, como la policía y los servicios, pero no tiene ningún tipo de empacho en quebrar las leyes para aplicar su justicia. De la misma manera que los marines pueden invadir países para realizarla. Bombas inteligentes, aviones espías y demás parafernalia tecnológica.
La propuesta del Joker es el Caos, lo cual se contrapone con la idea del orden y el progreso de las democracias occidentales modernas. El ofrecimiento del Payaso cala hondo en los menos favorecidos por una sociedad inmersa en el individualismo radical, abanderado por el neoliberalismo. A ellos se les exige el éxito a costa de lo que sea. Los no aceptados en la sociedad blanca, triunfadora, vital, recurren al ensimismamiento. Por eso cuando el Joker dice: “lo que no te mata te hace más extraño”. Los extraños, los weirds, los outsiders, los losers, acatan el llamado del Caos.
“Introduce un poco de anarquía, altera el orden establecido y todo se volverá caos. Soy un agente del caos”, le dice Joker al fiscal de distrito. El deseo del payaso es reventarlo todo. Entonces oficinistas, genios y demás gente frustrada ve en esa petición la única manera de ser parte de algo.

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