viernes, 2 de agosto de 2013

El Apocalipsis que ya fue

Herederos de los literatos rusos, los narradores norteamericanos han refinado el arte de la antología al grado que muchas de ellas son referencia obligada para encontrar joyas literarias. No existirían escritores como Raymond Chandler, Isaac Asimov, George R.R. Martin, Ray Bradbury o Ramsey Campbell sin las revistas o recopilaciones de short stories quienes les abrieron sus puertas, les pagaron algunas deudas y los dieron a conocer. Parte medular de estas antologías son los editores que deciden qué entra o no en cada una de esas publicaciones.
            Uno de ellos es John Joseph Adams, editor y crítico, quien se ha convertido en una de las personas más influyentes dentro de los subgéneros en Estados Unidos y por ende en todo el mundo. Muchas de sus antologías han sido referencia obligada y éxitos de venta; por ejemplo “Living Dead” 1 y 2 marcaron un antes y un después en la narrativa de estos seres. En la antología que nos concierne, “Paisajes del Apocalipsis, antología de relatos sobre el final de los tiempos”, editada en español por Valdemar, reunió a un grupo de escritores para que contaran cómo sería el final de los tiempos desde distintos ángulos. El resultado es desigual, como en toda recopilación de este tipo, pero rico en muchos aspectos.
            La fallecida Octavia E. Butler plantea un futuro en decadencia cuando la humanidad ya no pude hacerse entender por medio del lenguaje. La gente va perdiendo poco a poco la posibilidad de articular palabras (o de leerlas) y eso produce malentendidos y violencia. Sin embargo, todavía queda la esperanza que alguien no esté infectado. Orson Scott Card, el creador de la Saga de Ender, nos cuenta la planeación de un robo por parte de un hombre que acepta ese mundo destruido en el que nació con resignación. Este es el primer cuento en el que habla abiertamente de su religión, la mormona, para contarnos sobre su tierra sagrada y sus ritos.
Paolo Bacigalupi, pese al nombre, oriundo de Colorado, nos narra un futuro donde la humanidad es casi inmortal y solamente necesitan masticar algunas piedras para reconstruirse. El planeta está totalmente envenenado por residuos tóxicos y en medio de ese desastre un animal del siglo XX logra sobrevivir. En otro de los relatos, James Van Pelt, cuenta como las mutaciones genéticas ya son cosa corriente y eso lo aprovecha un viejo comerciante para viajar por el mundo en un peculiar circo.

Cada cuento es la posibilidad de un final y la muestra de los puntos vulnerables del ser humano.

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