viernes, 6 de enero de 2012

Doomsday

—Le traemos la buena nueva. El fin se acerca.

—En serio, ah caray, ¿y cómo crees que sea el fin del mundo?

—Fuego llueve del cielo, sangre en los mares.

—¿Crees que así, todo tan cinematográfico? ¿Fuego en el cielo?

—Es una metáfora. Explosiones, hongos nucleares. Sangre derramada que llega a

los ríos y de ahí al mar.

—¿Matanzas?, dices, ¿guerras? El doomsday, el Armagedón, el final de los días. Las

profecías mayas cumplidas.

—Sí, vivimos en una época oscura. El fin se avecina.

—Siempre han habido guerras. En la conquista hubo muchos más muertos. Ahora

cuando menos la muerte es algo impersonal. No creo que el final sea así. Me gustaría

algo más loco. Un ataque zombi, un virus mundial, una nevada mortal, algo que nos

democratice ante la muerte. Las guerras las inician los países poderosos y nosotros sólo

nos quedamos viendo.

—Lo tomas a juego, pero el final está cerca, está en las escrituras.

—No soy católico, ni siquiera cristiano. Entonces no creo que todo deba acabarse

entre dolor y muerte para renacer en un mundo feliz y justo con los abogados agarrados

de la mano de los leones y los tigres.

—No blasfemes.

—¿En qué uso horario esta Dios? ¿A todos nos llegará el fin al mismo tiempo? ¿Los

japoneses se irán antes?

—Ándale, cuando veas cómo se cumplen las profecías no te reirás igual.

—¿De verdad crees que Dios necesite tanta alharaca para terminar con esto?

No piensas que basta que como dijo en un principio “hágase la luz” en algún momento

sentenciará: “desparezca la luz” y todo ¡kaput!. Y así, sin dolor todos desapareceremos en

la nada. Es más un día tú y yo vamos a estar platicando y de repente…

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