miércoles, 18 de enero de 2012

El Chapo es amor

Desde hace unos días las redes sociales y los medios se han hecho eco de una carta bien intencionada, bien pensante, de la actriz Kate del Castillo, otrora chica televisa que de improviso se volvió enfant terrible del cine nacional.

La misiva consiste en una serie de declaraciones de principios muy cercanas a las ideas progresistas de izquierda: desconfiar de la religión, del gobierno, exigir justicia de los ricos hacia los pobres, dar amor y demás. Lo que sería algo para exclamar “¡qué bonito!” en los programas de cotilleo. Lo que causó conmoción es la referencia pueril al Chapo Guzmán, el conocido narcotraficante que actualmente lidera el tráfico de droga a los Estados Unidos; el mercado más grande del mundo.

No es la primera vez que alguien ve con romanticismo a los narcotraficantes, que los iguala a leyendas como Chucho “el Roto” o Joaquín Murieta. Los que lo hacen es porque viven alejados de la problemática, de los pueblos arrasados o bajo el miedo del capo local. Los que piensan que los narcotraficantes son buena onda, ídolos del pueblo, que hacen carreteras y escuelas son los que compran en la tranquilidad de su casa onzas o gramos de coca.

De la misma manera, aquellos que ya sea por películas como Cara cortada o los corridos alterados, piensan en la vida del traficante como la ideal. Se olvidan de la cuota de sangre y dolor que hay detrás. Reducen su vida al consumismo pletórico y machista, que eleva a rango de ley el desmadre, la misoginia y la vacuidad.

Los corridos alterados son una forma de expresión sinaloense que proviene de los llamados “buchones”, gente de la sierra católica conservadora que trafican con drogas como la goma de opio o la cocaína. El corrido mexicano desde el siglo XIX siempre ha tenido diferentes evoluciones y los alterados son una más de ellas, pero son solo idealizaciones. No hay que perdernos de lo principal: los narcos destruyen pueblos, acaban familias, prostituyen mujeres, corrompen instituciones y asesinan con balas o con mercancía. En las películas se ve bien, aquí es de la chingada.

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