lunes, 16 de enero de 2012

George Lucas y sus reestrenos

Fue hace ya más de tres décadas que un joven fan de las space operas, estilo Buck Rogers y Flash Gordon, se aventuró a realizar una película en la que plasmara su muy particular imaginería. La película en un principio no tuvo el apoyo financiero de ningún gran estudio. En aquellos años lo que reinaba era el realismo citadino y los grandes nombres de directores consolidados o que provenían de escuelas respetadas como la UCLA o la NY Film Academy. Para poder conseguir el presupuesto necesario George Lucas cedió a la FOX las ganancias de la cinta a cambio de quedarse con lo producido por la venta de muñecos, libros, discos y de más parafernalia. La cinta se filmó y el resto es historia. Estoy seguro que un mandamás de la productora debe estarse dando de topes por ese contrato.

Lucas, más que guionista, más que director, es un visionario y un comerciante. En aquel entonces nadie preveía que una película pudiera generar un mar de mercancía que redituara tal cantidad de dinero. Aquella primera película, “Una nueva esperanza”, el capítulo IV de una trilogía de trilogías apenas mostraría la punta del iceberg de un mundo nada original, pero que se volvería entrañable. Inspirado, como el mismo George Lucas ha dicho en más de una entrevista, en 2001 Odisea del espacio de Stanley Kubrick, quiso crear una epopeya espacial con los mismos efectos y música orquestal. Cosa que no logró con la perfección del neoyorquino.

La trilogía cambiaría el cine norteamericano y sentaría las bases de los posteriores blockbusters. La dirección de películas se rejuvenecería, los jóvenes talentosos se pondrían detrás del banquillo, se daría oportunidades a ideas que pudieran parecer estrafalarias o absurdas, la mercadotecnia llegaría para quedarse. Los efectos especiales pasarían de ser una ayuda para contar la historia a volverse protagonistas, la banda sonora sería parte fundamental de la historia y los afiches para el cine objetos sagrados. Sería revocada la ley en que los créditos deberían ponerse al inicio (con la batalla legal que esto desató) para que el prólogo de cada episodio fuera lo único que apareciera.

La cinta y sus secuelas dispararon una andanada de seguidores a pesar de los hoyos en el guión, lo poco original de la trama y de que la mayoría eran actores desconocidos. Todas esas fallas se subsanaban con la creación de un universo nuevo, rico, que prometía a sus creyentes vivir en un mundo mejor o cuando menos más divertido que el propio. La película causo de inmediato un culto que se ha desbordado. La gente se casa bajo el rito jedi, se saben la biografía de personajes y actores, se visten como los héroes o villanos en los reestrenos, hacen clubs y discuten la trama.

Con el paso del tiempo los propios fans exigirían que se continuara con la saga, que se contara qué pasaría con la Federación y los jedis o que se explicara la caída en el lado oscuro del padre de Lucas Skaywalker. Había novelizaciones, cómics y rumores por doquier, pero lo oficial sería un guión escrito por el propio George Lucas y de preferencia dirigido por él.

Casi quince años después de que se acabara la primera trilogía Lucas se puso en el banquillo del director y comenzó a crear la historia del nacimiento y caída en el mal del personaje más carismático de la trilogía inicial: Darth Vader. De repente el universo Star Wars volvía estar en todos los medios. Se reestrenaron las películas originales con todos los adelantos técnicos de la época. La expectativa de lo que pudiera contarse derramaba tinta. Se hicieron varias revistas oficiales en las cuales se daba a cuenta gotas información de los fichajes de actores y sobre la trama.

A diferencia de sus anteriores trabajos, Lucas llevaba las de ganar. Así que echó mano de lo mejor. Contrato actores de reconocida trayectoria y capacidad como Natalie Portman, Ewan MacGregor, Liam Neeson, Ian McDiarmid y Samuel L. Jackson para elevar el nivel en este rubro y asegurar un público joven que se identificaba con los primeros. No escatimo ni un peso para utilizar toda la tecnología a su alcance y creo el primer personaje digital del mundo, un Jar Jar Binks que unificó los odios de fans y detractores por igual. Lo malo es que no utilizó a un buen guionista, sino a él mismo.

“La Amenaza fantasma” como sus predecesoras, reunió elementos de la cultura occidental y la oriental. De la cristiana tomó la imagen del diablo que se representa muy bien en el Sith Darth Maul, de cara roja y cuernos, o en la concepción virginal de la madre de Anakin Skywalker, quien posteriormente sería Darth Vader. De lo oriental toda las enseñanzas jedis-samurais como la relación entre los aprendices y la serenidad de un maestro zen como Qui-Gon Jinn, interpretado por Liam Neeson.

Lucas siempre le ha dado mucha importancia a los adelantos técnicos. “La Amenaza fantasma” la realizó en formato digital, con la idea de que posteriormente todas las películas se grabaran así para, a su vez, ser distribuidas por medios electrónicos. Cosa que sucede actualmente cada vez más. Pero además ha encontrado en estos adelantos tecnológicos la manera más sana de hacerse llegar más y más dinero. Sus anteriores películas fueron remasterizadas y nutridas con nuevos efectos especiales que incluyeron el agregar a un personaje que no estaba ahí, nuevos efectos en los sables de luz y mejores detalles en las preciosistas ciudades. Por eso no es de extrañar, que al llegar una mejor tecnología de 3D Lucas desee ver (y millones de seguidores alrededor del mundo) “La Amenaza fantasma” en tres dimensiones. De inmediato pienso en lo mucho que se disfrutaría la carrera de pods y aquellas batallas para salvar a la reina Amidala de la federación de comercio. Puro cine, pura magia y mucho negocio.

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