sábado, 29 de septiembre de 2012

Secretos de librero que me han sido rebelados.


Si eres poeta, artista conceptual totalmente desconocido, cuentista o novelista (no importa que tus amigos te mencionen en su blog o en sus revistas financiadas por el estado) no cometas el error de:

1.- Poner una ilustración en portada muy intrincada o apantallante pero que no diga de que va tu libro. O por el contrario, poner una ilustración malísima, una fotografía vieja con solarizado. La portada vende y mucho. La gente llega y se deja llevar por la portada, primero, es lo que hace levantar el libro de la mesa de novedades. ¿Por qué crees que Terracota tiene problemas? Sus portadas son terribles.

2.-No tener cuarta de forros. Peor que una mala portada es aún más catastrófico que no exista una cuarta de forros. La gente cuando va a la librería va por títulos conocidos, un pequeño porcentaje se arriesga y compra de vez en vez libros de personas sin mucho nombre. Muy pocos autores pueden darse el lujo de hacer lo de Salinger, su apellido, el título del libro y blanco en la parte de atrás. Domina tu ego, nadie te conoce y seguirás sin que nadie te conozca si no explicas en la parte de atrás de que trata lo que escribes. Por más que lo escriba Saramago o Paz.

3.-Usar un formato innovador. Los formatos "innovadores” como medio oficio o tabloide si no son libros de pasta dura inmediatamente se dañan. Los libreros están hechos para libros de media carta o un poco más altos. Los libros que son más altos los volteamos o los ponemos hasta arriba. Los libros más pequeños, de un cuarto de carta son más fácil que acaben siendo robados. Seguro en la pantalla del diseñador se ven increíbles o en tu pequeña editorial sea increíble platear algo así, peor los formatos “raros” acaban dañados, escondidos y devueltos. La revista de un amigo muy querido era formato tabloide. Nunca pudimos acomodarla en el sitio que le pertenecía. Los 6 ejemplares que nos llegaron nunca se vendieron porque no hubo forma de que se pudiera ver. El día de su devolución la dejé en el piso y se vendieron un par.

4.-Creer que tu libro es único. Todos los días recibimos cientos de libros. Cuando llego a trabajar están esperándome pilas de libros en espera de ser etiquetados. Todos los días nos llegan libros nuevos de alguien que como tú quiere ser leído o cuando menos conocido. El viaje de un libro cuando llega es el mismo, ya seas Márquez, Bartra o Anónimo Hernández: etiquetado, directo a mesa de novedades, luego se va a una sección de media novedad, luego a sección y después a devolución. El libro puede estar tres meses o un año. La gente de la librería no tiene la culpa si tu libro sólo está un par de semanas en novedades. Rápidamente hay que hacer espacio para otros títulos.

5.-Pedir reacomoden tu libro. Lo que no soporto es que llegue un autor y me exija acomodar sus libros en un sitio mejor. O que los ponga junto al éxito de moda o lejos de él. Cuando te vayas tu libro ira directamente al espacio de la ignominia.

6.-Creer que la gente no te lee por ignorancia. La oferta es mucha y la demanda es mediana. La poesía casi no vende, la filosofía aunque no lo creas, se vende mucho. Pero bueno, los poetas han hecho su trabajo para ser odiados por muchos lectores. Los tratados de arte a precios exorbitantes tiene poca movilidad, los cuentos tardan más y la reina es la novela.

No son verdades escritas en fuego sin embargo son cosas que veo todos los días. De nada.

1 comentario:

  1. Hola, somos alumnos de la Prepa Tec, nos hemos tratado de comunicar por mail pero no hemos recibido respuesta; haremos una revista digital acerca de usted y queriamos saber si podría contribuir con alguna aportacion a ella :) (Video, podcast etc.)

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