domingo, 15 de febrero de 2015

El hombre del millón de dólares, entrevista con Hilario Peña



Hilario Peña es un hombre delgado y alto. Tiene brazos largos, si fuera boxeador a base de jabs podría mantener a raya los rivales. Usa camisas floreadas (o de luto hawaiano). Las Tommy Bahama son sus preferidas. Vive a las afueras de Tijuana y antes de escribir para la televisión, trabajaba en una maquiladora de capital asiático. Es un escritor atípico en México. Su primera novela publicada en Random House,Malasuerte en Tijuana, fue un éxito de crítica y público. Luego de la edición normal mereció ser editada en formato de bolsillo. Con eso, el pelirrojo sinaloense que viaja a Tijuana para huir de una banda de malhechores, se volvió tan real como su autor. Además se unió al canon de novelas policiacas mexicanas en las que está El complot Mongol, de Rafael Bernal, Trago amargo de Francisco Haghenbeck y Un asesino solitario de Elmer Mendoza.
Hilario es un tipo legal, dirían los españoles. Le gustan los autos, el box, la buena cerveza, el film noir clásico y devora novelas policiacas en inglés y español. Odia los rostros de nalga de bebe de los actores de estos tiempos, prefiere las caras graníticas de antes, las mujeres fatales y los autos que bebían gasolina como otros whisky.
Su nueva novela, Juan Tres Dieciséis, trata sobre un boxeador venido de abajo que comienza a tener éxito hasta llegar a disputar una pelea de campeonato en Las Vegas. La tragedia caerá sobre él cuando es acusado de asesinar a su esposa. El detective Malasuerte tendrá que echar mano de su encanto y sus poco ortodoxos métodos de deducción para encontrar al asesino.

Dicen que Malasuerte volvió, yo digo que nunca se ha ido. De alguna manera ya creaste un Sinaloa y Tijuana paralelo al que existe y tus novelas se “prestan” personajes. ¿Fue difícil crear todo ese universo?
Más que difícil fue necesario. Lo que más me obsesiona de una novela es la presentación de personajes y lugares, es por ello que me llevó todo un libro (Malasuerte en Tijuana) presentar a mi detective y otro más (La mujer de los hermanos Reyna) describir la ciudad que habita. Luego de haber hecho ambas cosas pude narrar con más soltura el caso Juan Tres Dieciséis.
Esta novela tiene gran estructura que bebe de varias fuentes: algo de Chandler, el humor socarrón de Elmore Leonard, el libro dentro del libro a lo Conan Doyle y el personaje endiablado de Jim Thompson, ¿es cierto o sólo estoy sobre interpretando?
Muchos narradores están convencidos de que la suya es la historia más grandiosa, sin embargo creo que lo que separa a los amateurs de los profesionales es el manejo y conocimiento de las diferentes técnicas narrativas. No sé si lo logré, pero en el caso de Juan Tres Dieciséis me esmeré en construir su relato a partir de diversas estructuras clásicas del género policiaco. Como se ha señalado, está ahí el recurso del libro dentro del libro, estilo Arthur Conan Doyle; Malasuerte es una actualización del detective romántico pero individualista, el cual ya era un delicioso cliché muchos años antes de que Raymond Chandler hiciera arte exquisito y sofisticado con él, llevándolo a otro nivel; por su parte, el boxeador Juan Tres Dieciséis es uno de esos unreliable narrators, muy similar a los que aparecen en los libros del imprescindible Jim Thompson.
Más que enseñarme a escribir con humor, siento que Elmore Leonard fue quien me animó a tomar riesgos y escribir acerca de personajes pintorescos, como ladrones de joyas, comisarios, detectives y boxeadores.
Parece que hay una obsesión por la originalidad actualmente, pero a ti no te importa. ¿Cómo es jugar con los clichés, con las estructuras?
Los que más despotrican en contra de los clichés son lo que más echan mano de ellos. Hay clichés fáciles y los hay difíciles: uno fácil es el del intelectual maldito, alter ego del autor, que va por la vida presumiendo lo mucho que le gusta drogarse. Que sea muy aburrido no significa que no sea un lugar común. Un cliché difícil sería narrar la logística detrás de un asalto bancario. Es por ello que en la historia de la literatura mexicana hay tantos ejemplos del primer tipo y tan pocos del segundo.
No hay por qué tenerle temor a los arquetipos y convenciones de cada subgénero. Cuando escritores talentosos como Bernardo Fernández o Andrés Acosta (y varios más) hacen literatura de subgénero recurren a sus convenciones, por supuesto, pero al mismo tiempo le imprimen su propia idiosincrasia, y se genera algo novedoso y atrayente.
En otra entrevista habías comentado que era difícil narrar acción y en esta la acción es trepidante. ¿Cómo lograste imprimir tanta fuerza este libro?
Lo que me interesa es expresarme artísticamente por medio de la acción, transmitir emociones, que mis personajes sean conocidos por sus actos, en lugar de usar sus bocas para “tirar netas”.
Se nota a todas luces que sabes sobre box, el lector de inmediato reconoce que tu deporte es el box. ¿Juan Tres Dieciséis, está basado en algún boxeador o es solo un arquetipo?
Admiro todos los deportes, excepto ese que vende la UFC, conocido como Vale Todo, o Artes Marciales Mixtas, un deporte sin etiqueta, ni reglas, ni protocolos. Una muestra más de la decadencia de los días que corren.
Juan Tres Dieciséis es un homenaje a los beautiful losers del boxeo y de la vida. Se parece físicamente y pelea con una intensidad muy similar a la del Changuito Vargas… Nadie pierde tan elocuentemente como Manuel El Changuito Vargas, a quien siempre iba a ver y siempre me tocaba verlo perder, sobre todo en contra de peleadores mucho más pesados que él.
Creo que una historia no tiene por qué ser de éxito para resultar interesante. La que escribí es más bien una tragedia.
Tu novela tiene un humor muy ácido, muy crítico, pero que está siempre como escamoteado. Bajita la mano le acomodas unos jabs a las televisoras y los manejadores por su voracidad y varios coscorrones a los activistas de las redes sociales. Rodrigo Barajas era un conservador hardcore, casi un republicano. Malasuerte es más desenfadado pero también tiene una moralidad casi de caballero de brillante armadura. ¿Te gustan los personajes a la vieja usanza?
La novela policiaca es un instrumento de denuncia social por naturaleza. El chiste es no forzar esta denuncia, para que salga natural y no panfletaria. Toma por ejemplo al reaccionario James Ellroy, quien por más que haya alabado públicamente las decisiones de los Bush, su novela policiaca El Gran Desierto es una genial denuncia de la cacería de brujas liderada por el senador republicano Joseph McCarthy.
En efecto, mis personajes tienen muchos defectos, como ser excesivamente conservadores o chapados a la antigua, pero creo que es lo que los hace interesantes, y, al final, no afecta el valor de la obra.
Hasta ahora has logrado escribir una novela por año en las que de una u otra manera has ahondado en los diferentes formatos de la novela popular norteamericana y los has sabido tropicalizar muy bien. Sé que ahora escribes un westerns clásico, pero ¿harás algún día una novela sobre conductores de autos? ¿Sobre un sicario?
Mi proyecto a largo plazo es explorar las distintas versiones del Héroe de los Mil Rostros. Ya lo he presentado a mis lectores en forma de comisario justiciero y detective privado. En estos momentos lo estoy haciendo pistolero del Salvaje Oeste. Más adelante lo escribiré en forma de pirata inglés o “caballero de armadura brillante”.

Entrevista aparecida originalmente en Letras Explicitas.

Página de Hilario http://www.hilariop.blogspot.mx/2012/10/cielo-pulp.html

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