lunes, 16 de febrero de 2015

La novia de Huodini, entrevista a Juan José Rodríguez.

El escritor Juan José Rodríguez.
Nunca nos habíamos visto. Lo conozco en fotos, de varias charlas a través de Facebook y de sus libros. El primero que llegó a mis manos fue Asalto en una Lavandería china, editado por Tierra Adentro. Ahí estaba ya su estilo de gran contador de historias, de gran conversador. A raíz de su nueva novela, La novia de Houdini (Océano, 2014), platiqué hace unas semanas con él. La cita fue en el restaurante de un hotel suizo. No podría haber mejor sitio para conocerlo.
Una fotografía de perfil de Juan José en mi celular era la pista para encontrarlo. Me asomé al lobby del lugar y me topé de pronto con un lugar agradable, repleto de fotos de la antigua Europa. Había también, algunas familias hablando en alemán. Al fondo, junto a un mesero correctamente vestido pero inverosímil a esa hora de la mañana, estaba Juanjo. La fotografía no le hacía justicia; no puede describir la vivacidad y los ademanes como de mago que tiene el escritor sinaloense.
Me siento en su mesa, que comparte con la encargada de relaciones públicas de Oceáno, pido un expreso cortado sintiéndome en alguna terminal ferroviaria de esa Europa unida por trenes. Lo sirven como debe ser, sin artificios ni preguntas estúpidas. Un café es un café.

Houdini es un personaje que nos ha llegado a todos, me dice ante mi primera pregunta…
Cuando era más joven había magos en la televisión. Estaba Chen kai (o Julio Hulises Hijuelos Cervera, fue un ilusionista yucateco que llegó a tener una fama inusitada en México y el resto de Latinoamérica. Es creador de muchos trucos de aparición de animales usados en la magia actual) un mago de mis tiempos que desaparecía tigres. Luego me enteré que su nombre significa “manos grandes” en Maya. Eso te dice que yo quería ser mago de niño. Tenía un libro de magia. Hacía trucos de baraja. Todavía hago algunos pero descubrí que no podía dedicarme a la profesión porque tengo las manos muy chicas, tengo manos de mujer.  Hace poco encontré que me engordaron. Me consolé diciendo que podía ser pianista o escritor. Ahora que estoy viendo a Cepillín en repeticiones me doy cuenta de cómo sacaba magos. Yo creo que veía magos callejeros y les ayudaba metiéndolos a Televisa.
Nos reímos. La magia, como el cine siempre ha sido de personajes trashumantes, le digo.
Es que era la única forma de escapar de la rutina. El cine de gitanos que se devoraron los videoclubs, era eso: un escape de la rutina en los pueblos. Yo no quería entrar en la polémica pero esto de los circos es muy triste (El Partido Verde, como una propuesta de campaña populista prometió prohibir el uso de animales en los circos, lográndolo en varias partes de la república, la ciudad de México entre ellos). Para muchas ciudades, como Mazatlán que no tenían zoológico, y demás comunidades, era la única posibilidad de ver animales salvajes. Un amigo mío, Gabriel Noriega, tiene un libro que se llama Un pueblo sin circos.  Es La Toba (ahora llamado Ciudad Insurgentes, está en Baja California Sur), un pueblo en medio del desierto, fundado por gente de todo el país que llegó en los 60. Un día llegó el circo de King Kong, que era nada más un robot. Pues allá se lo fregaron. Así ya no volvió ningún circo a ese lugar. Los boletinaron.
Entiendo que la gente cuida a los animales y, aunque se asusten de que están encerrados, sé que ellos no tiene la capacidad cerebral del ser humano. Ellos pueden estar todo el día encerrados y no se aburren. Pongamos un ejemplo, un cocodrilo que está encerrado en su hábitat sólo se mueve para comer un venado y luego egresa a su inmovilidad para deglutirlo. No tienen memoria a largo plazo ni otros sentidos humanos. Tienen instintos. Pero entiendo que se ha recurrido al maltrato en ocasiones. Digamos, un domador de leones no les pega con el látigo. Los guía con el golpe. Yo conozco un tipo que un día se robó dos elefantes.
Soltamos una carcajada.
Te cuento. Los animales, todos en general son educados en inglés. Este compa hablaba bien el idioma y así fue como se los robó. Los llevó el vato al faro de Mazatlán y los pobres elefantes se purgaron con agua de mar. Les dio gripa con el viento. Lo agarraron justamente cuando los iba a vender a otro circo. En Mazatlán llegan las camionetas en la madrugada con la fruta y la verdura. Se había puesto de acuerdo con uno transa en el mercado para llevarse al elefante en una estaquitas Nissan. Venían a media noche con los dos elefantes y la gente estaba dormida, pero los animales ya estaban agripados, así que uno estornudó. El elefante cuando estornuda su tropa se mueve como un látigo y el sonido es atronador. Así que rompió los cristales de la zapatería Díaz de la calle principal. Salió el velador con una cobija y una pistola de los años veinte y lo detuvo. Ahí lo agarraron. Esa será mi siguiente novela: El ladrón de elefantes. No, mejor, El ladrón del carnaval, porque se robó un carnaval entero.
No paramos de reír. El mesero sirve dos cafés más. Juan José está encanchado. Ya no es una entrevista. Somos amigos y estamos platicando. Hago bola la lista de preguntas que traía preparadas y le acerco más la grabadora.
El gran momento de la magia es en los años veinte. Eso sí, siempre hubo magos. En la novela comienzo desde el Éxodo. Cuando Aarón y Moisés van a ver al faraón hacen el truco de la serpiente. Es truco ya era viejo, digo para que el faraón lo hiciera es que ya era viejo. La magia se renueva cuando en el siglo XIX Robert-Houdin (Jean Eugène Robert-Houdin, era un relojero mago francés muy famoso en Europa, ídolo de Harry Houdini. Su nombre de pronuncia “Judán”) descubre el manual de magia y comienza a hacer aparatos. La magia moderna comienza con los aparatos. Los que usan los magos de Las Vegas son aparatos inmensos. Houdin cuando hace eso y Houdini lo imita, revolucionan todo. El mito del norteamericano es que hace la magia en lo cotidiano: sale a las calles y se va de los escenarios.
Magos como Harry Blackstone (Este mago era tan famoso que incluso tenía su propio comic y su radionovela: “Blackstone, el Mago Detective”), o Carter El Grande (vivió una rivalidad con el famoso escapista hasta que acabaron siendo amigos), son mejores que él. Houdini era mal prestigiador. Carter movía muy bien las barajas. Cuando Carter el grande se retira de los escenarios reconoce la a Houdini, porque hace que él lo desaparezca.
Houdini hace masiva la magia, y además, aunque lo toco tangencialmente en la novela, es se dedicó a desenmascarar a los espiritistas. A él no le parecía correcto que se usaran los trucos para engañar a la gente.
Juan José nos toma de las manos y nos muestra con habilidad inusual como hacían los espiritistas. Hace por medio de rápidos movimientos que su acompañante y yo quedemos unidos por las manos mientras él queda libre. Luego nos explica así podían manipular la luz y demás efectos. Incluso mueve la mesa con las piernas como si un fantasma lo hiciera.
Houdini sufrió mucho la muerte de su madre. Entonces se dedicó a tratar de contactar con ella sin suerte. Arthur Conan Doyle (Doyle era parte de una sociedad secreta llamada la Golden Dawn. Harry y él se hicieron amigos en una gira europea del escapista, pero acabaron peleándose por sus posiciones encontradas frente al espiritismo. Pese a que su personaje, Sherlock Holmes, era por demás brillante, Doyle era un crédulo de lo peor. Incluso fue engañado por un par de niñas que aseguraron fotografiarse con hadas) y su esposa conocieron a Houdini y le hicieron una sesión espiritista. La esposa de Doyle supuestamente era médium e hizo como que se posesionaba de ella la madre. La mamá del escapista no hablaba  inglés y ahí fue como se dio cuenta que era solo un engaño.
Houdini hizo un pacto con de muerte su esposa que consistía en que quién moría primero debía darle una clave secreta: la canción de novios de ellos, Rosabel. Obviamente a la canción él le cambió la letra. En Halloween hacen una sesión espiritista pero hasta la fecha nadie ha dicho la clave.
Se dice que Harry Houdini se puso así por otro mago, ¿verdad?
Houdini era húngaro, de Budapest. Él se pone este nombre en honor al gran Robert-Houdin. Harry tomó su apellido y lo escribió fonéticamente como lo pronunciaría un judío.  Se dice que Robert-Houdin comenzó siendo mago porque se equivocaron al mandarle un libro de magia, lo cual menciono al principio de la novela. Él era un tipo muy burgués, muy casero, muy tranquilo. Cuando recibe este libro comienza a hacer los aparatos. En la novela describo uno que aparece naranjas y demás cosas. Ese aparato existió realmente. Empezó a usar las técnicas de relojería minimalista para su beneficio. De hecho él paró una guerra. Lo mandaron a Argelia entre los jefes tribales y comenzó a hacer trucos. Los jefes tribales se dieron por vencidos antes de pelear cuando se percataron que no podrían con esa magia. Hizo una caja imantada. Le pedía a un hombre muy fuerte del bando argelino que se acercara para cargarla y claro está, no se movía. Accionaba un interruptor y el soldado francés la levantaba sin esfuerzo. Y peor aún, si la tocaba un soldado árabe hacía que le diera toques. Es un hecho demostrado.
Hubo un mago en los 40 que desapreció una ciudad (Jasper Maskelyne, era ese personaje). No lo pude poner en mi novela porque los hechos que narro suceden antes. Era una urbe de la costa de África, cuando esta la campaña nazi de Rommel. En las noches apagaban la ciudad y prendían otra en un promontorio similar. Entonces los bombarderos alemanes soltaban sus armas en ese punto. El día D hizo otro truco, puso tanques inflables. Parece que hay otra magia que no se han revelado. Estos lo hicieron porque los alemanes los descubrieron después.
Nos podrías contar un poco la trama de tu novela…
La hija de Houdini es la historia de un cuate que se va siguiendo un grupo de vagabundos, enamorado de la chica guapa, Florisa, la novia de Houdini. Andando al camino cambia su vida. Se da cuenta que no son gitanos, sino gente de mundo. Descubre que quieren robar el diamante Hope (Se ha vuelto legendario por la maldición que alcanza a sus poseedores. Todos han muerto de maneras diferentes), el diamante azul de Francia. Ya que llegan se hace un relajo de traiciones, semejante a El Halcón Maltés.
Yo he trabajado como director de cultura, he estado en el carnaval, he hecho cine desde atrás, giras de teatro como carpintero. Una obra mía giró por varios lados y pese a que era el autor, yo llevaba las herramientas de mi papá para trabajar. También fui director del Ángela Peralta por una temporada. Tuve a mi cargo 90 personas. Sé lo que es andar con un grupo de locos viajando, haciendo cosas, con dinero sin dinero, te peleas, los amas, andas con una mujer, con otra. Conozco ese mundo y me gusta. Nunca trabajé en un circo pero sé lo que se siente andarle paleando la caca a los elefantes. Todo eso lo quise contar en la novela. El personaje es muy tímido y cambia.
Tú lees la prensa de la época y te das cuenta que éra una locura. Había magos, adivinadores, luchadores. La gente siempre va a querer comprar la esperanza. Sea un mago vestido de chaquira o un político vestido de guayabera.

Soltamos una risotada todos. La chica de Oceáno se disculpa. Vemos la hora. Juan José y yo seguimos platicando. La grabadora sigue haciendo su trabajo pero decidimos dejar la entrevista formal hasta ahí. El mesero se acerca con miedo y tomo el cuarto café. Juan José ríe y el tiempo sigue su marcha.

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