lunes, 16 de febrero de 2015

Hamburguesa de realidad, entrevista con César Silva Márquez

César Silva Márquez no es todavía un nombre que suene con constancia en las letras mexicanas recientes, aunque su obra narrativa lo vale como un escritor muy interesante. Las razones pueden ser muchas, pese a nacer en Ciudad Juárez vive desde hace algún tiempo en Xalapa, capital del estado de Veracruz, lo cual de cierta manera lo margina del centro y al mismo tiempo del hip que han tenido los escritores norteños de Tijuana, la región de La Laguna y Monterrey. Tal vez otra posible razón sea que la obra de Márquez se divide entre la poseía y la novela. Tal vez este trasvase de géneros entre el universo poético y el narrativo haga difícil para los críticos ubicarlo en un sitio; eso aunado que en nuestro país narrativa y poesía son muchas veces mundos contrarios y contrapuestos.
Sin embargo, César Silva Márquez ha despuntado en ambos. Su primera novela Los cuervos (FETA 2005 y ganadora del premio binacional Frontera de palabras) marca ya muchas de sus constantes narrativas: el juego de tiempos y personajes; las digresiones; una violencia constante que, sin embargo, nunca es gráfica o grotesca; y una frontera salvaje y desesperanzadora.
El narrador y poeta César Silva Márquez (Chihuahua, 1974).
El narrador y poeta César Silva Márquez (Chihuahua, 1974).
La novela Juárez Whiskey marca el inicio de su colaboración con la editorial oaxaqueña Almadía. Juárez Whiskey es un recorrido por Ciudad Juárez sin caer en la explotación del narcotráfico que actualmente hacen muchas editoriales mexicanas. Es con su más reciente novela La balada de los arcos dorados que Márquez se adentra completamente en el género negro, desarrollando dos figuras claves: el policía y el periodista investigador. Sin embargo, fiel a su narrativa, su relato está lleno de digresiones, de razonamientos que provienen de una atenta visón de la realidad cotidiana, de incursiones a la cultura popular más común y una realidad que se nos restrega en la cara.
Con la salida de su nueva novela en la colección negra de Almadía platicamos brevemente con César Silva Márquez en un bar de la colonia Roma.

-Tus novelas siempre parecen romper el tiempo, La Balada de los Arcos dorados no es excepción. No es una novela negra típica, ¿eso es lo que buscabas?
Tienes razón: buscaba escribir una novela negra atípica. Creo que la novela es más una novela de drama con tintes de novela negra.
-En La balada… hay mucha cultura pop: hamburguesas, papas, comics. Es como si los personajes vivieran inundados en una cultura desechable.
Creo que todos estamos sumergidos en la cultura pop, no podemos safarnos tan fácil y eso es lo más interesante. Cómo hacer que una hamburguesa o Jackass tengan un sentido, quizá, más allá de lo que son. ¡Arriba los Oxxos y las Sabritas!
La novela lanzada en este 2014. Foto: blog oficial.
La novela lanzada en este 2014. Foto: blog oficial.
-Hay una violencia presente que se respira por toda la trama, una violencia que va más allá de los asesinatos. En ese sentido me recordó a Cormac McCarthy, ¿es cierta mi sospecha?
Cormac McCarthy, lo he leído con mucha atención y me gusta mucho. Es de mis escritores favoritos: Meridiano de sangre, la trilogía de La frontera, La carretera y sobre todo No es país para viejos, de ahí el epígrafe que utilizo. Incluso la mamá de Luis (uno de los personajes) en su club de lectura está leyendo No es país para viejos. Así que sí es cierta tu sospecha.
-Es sabido que en la novela negra “la arquitectura” del texto es muy importante, ¿cómo planeas una novela que tiene tantas digresiones y deja algunas cosas sin resolver?
Se planea la trama principal y sobre ella construyes las capas. Si ves que está siendo opacada, entonces regresas y ajustas.
-En las publicaciones del periodista Luis Kuriaki, protagonista de la novela, hay un deseo de negar la realidad: vampiros, zombis, pero nunca ejecuciones, ¿eso pasaba antes de la llamada guerra contra el narco?
Creo que eso siempre ha pasado, hay más cosas que se saben y se mantienen ocultas, esto antes o después de la guerra. Y estos zombis y vampiros fueron una alegoría a lo absurdo que sucede en la vida real, sean de narcos o corporaciones.
-Julio Pastrana es un gran personaje, policía duro que arregla las cosas por las buenas, pero la mayor parte del tiempo por las malas. En él hay algo de Ellroy, ¿me equivoco?
No te equivocas. Ellroy está ahí (Sangre en la luna), aunque Cigurh (creo que así se escribe), el malo en No es país para viejos, es la inspiración inicial, entre otros.

César -moreno, bien plantado, siempre sonriente- me dice sobre Álvaro Obregón: hasta aquí llego. Me da la mano y nos despedimos.

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